¿Qué pasa con los sexoadictos?

By | 29 noviembre, 2015

Personas locas por el sexo, que no se frenan, que no se controlan. ¿Somos todos?

En tiempos recientes, cuando precisamente sobran las enfermedades, psicólogos, psiquiatras, diversos profesionales de la salud y, sobre todo, ministros de iglesias de distinta laya, se refieren a una nueva: la adicción sexual.

El trastorno fue perfilado a principios de los 70s, cuando algunos investigadores observaron la conducta de personas para quienes el sexo funcionaba de la misma manera que las drogas, el tabaco o el alcohol.

Es decir, los individuos sentían incontrolables impulsos sexuales que los llevaban a practicar los más variados actos erótico-sexuales. Saciados los instintos, los individuos alcanzaban un transitorio estado de relajamiento o euforia, aunque tiempo después -unos minutos u horas- el sujeto era presa nuevamente de la ansiedad sexual y debía actuar de nuevo.

La adicción podría ejemplificarse de este modo:

El sexoadicto Navarro sale de su casa en la mañana. Sube al autobús y se frota contra alguna de las pasajeras alcanzando erección y hasta eyaculación. En la oficina, se encuentra con la secretaria, que es su amante, van al baño y tiene cópula con ella. Si entre sus entrevistas matinales hay una con mujer de su agrado, la seduce y consigue llevarla a un hotel cercano donde copula con ella por unos minutos. A la hora de la comida, cierra la puerta de su oficina y en su videocasetera ve una película pornográfica que lo excita y lo lleva a masturbarse. En la tarde, antes de la salida, tiene sexo en un closet con la muchcha que hace la limpieza. Al salir de la oficina, va a una calle frecuentada por sexoservidores y busca a un travesti para que le practique el sexo oral. Llega a su casa a las 20 horas, besa a su mujer y le ruega que antes de la cena hagan el amor. Cena, se acuesta y copula nuevamente con su mujer, rogándole que esta vez el sexo sea anal. Despierta a las cuatro de la madrugada, va al baño, toma una revista pornográfica que hay allí y se masturba frenéticamente. Despierta a las 6, para reiniciar esa rutina.

Todo un drama. Porque, sin duda, ese personaje sufre, pero no puede librarse del candente aguijoneo que lo encierra en el desesperado círculo de satisfacción-insatisfacción.

Durante la década de los 90’s un muy famoso actor de cine convocó a los medios para comentarles lo siguientes: “Soy un adicto sexual. Necesito el sexo a toda hora, con todo tipo de mujeres y no me sacio nunca.”

Congruente con su diagnóstico, anunció su inmediato internamiento en una costosa clínica de la cual salió semanas después, según él “perfectamente curado”.

El perfil del adicto

Hoy, ya sectores de la ciencia médica tienen un cuadro más o menos exacto de los rasgos que caracterizarían al nuevo mal. Así, se dice que son signos de adicción sexual:

– La masturbación exagerada y compulsiva, que se acompaña de imágenes de actos sexuales o pornográficas.

– El sexo compulsivo con sexoservidores -hombres, mujeres, trasvestis o transexuales-, mediante encuentros callejeros o citas telefónicas.

– Sexo promiscuo u orgiástico.

– Sexo serial, en sucesivos encuentros durante el día.

– Exhibicionismo abierto, con mostración de genitales o actos masturbatorios públicos.

– Voyerismo incontrolable que lleva a espiar desnudos o actividades sexuales de las personas, con invasión de su privacidad.

– Abuso contra personas mediantes frotamientos o acariciamientos en aglomeraciones o en vehículos de transporte colectivo.

– Excitación incontrolable con menores de edad o niños, incluyendo actos de pederastia.

– Violación compulsiva de personas.

Paralelamente, en los últimos tiempos, se han instalado clínicas especializadas en adicción sexual y se crean asociaciones del tipo Alcohólicos Anónimos para ayudar a que las víctimas de la enfermedad recuperen su equilibrio mental.

Los doce mandamientos

Circula incluso un conjunto de mandamientos que deben observar los adictos y que transcribimos para nuestros caros lectores.

1. Nosotros aceptamos carecer de poder sobre nuestra compulsiva conducta sexual y que nuestras vidas han llegado a ser inmanejables.

2.- Creemos que un Poder más grande que nosotros podría restaurar nuestra salud.

3. Hemos tomado la decisión de ponder nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros entendemos a Dios.

4.- Haremos desde hoy un inventario moral, libre y sin temores, de nosotros mismos.

5.- Admitiremos a Dios, a nosotros mismos y a los demás la exacta naturaleza de nuestros errores.

6.- Estamos listos para que Dios elimine todos esos defectos de carácter.

7.- Humildemente pedimos a Dios elimine nuestras limitaciones.

8.- Haremos una lista de las personas a quienes herimos con el deseo de reparar el daño que les hicimos.

9.- Procederemos a disculparnos ante esas personas, excepto cuando ello pueda significar daño o injuria para ellos o para otros.

10.- Continuaremos haciendo nuestro inventario moral personal y cuando estemos equivocados lo admitiremos de inmediato.

11.- Rezaremos y meditaremos para mejorar nuestra relación con Dios, como nosotros entenemos a Dios, para que él nos ayude y nos fortalezca.

12.- Habiendo logrado un despertar espiritual con estos pasos, trataremos de llevar este mensaje a otros y practicaremos estos principios en todos los ámbitos de nuestra vida.

El autodiágnostico de la adicción sexual

Circula también un test casero según el cual uno, en la tranquilidad de su hogar, puede determinar si es sexoadicto. Este consta de una serie de 30 preguntas. Contestándose una o más con “Sí” habrían problemas.

Veámoslas:

1.- ¿Piensas frecuentemente en el sexo?

2.- ¿Has hecho promesas a tí mismo o a otros de que vas a cambiar o detenerte en tu comportamiento sexual y rompiste esas promesas?

3.- ¿Tus deseos sexuales te llevan a relacionarte con personas con las que normalmente tú noe starías o para hacer cosas que tú usualmente no haces?

4.- ¿Frecuentar sitios en Internet para estimularte sexualmente ha llegado a ser un hábito para tí?

5.- ¿Te enfrascas en conversaciones sexuales en lugares de chat de Internet?

6.- ¿Es la masturbación un actividad frecuente para tí?

7.-¿Tienes o has tenido grandes colecciones de pornografía o de materiales tipo X?

8.- ¿Te has desembarazado de una colección de pornografía y luego has vuelto a coleccionar esos materiales?

9- ¿Rentas, compras o produces videos pornografícos de manera regular?

10.- ¿Te gusta recorrer canales de TV para encontrar escenas sexuales estimulantes o te suscribes al cable para ver programas sexualmente explícitos o visitas los canales que están bloqueados procurando ver fragmentos de imágenes sexuales?

11.- ¿Te atrae el sexo por teléfono?

12.- ¿Frecuentas antros topless?

13.- ¿Frecuentas estudios de modelos de carácter sexual?

14.- ¿Frecuentas establecimientos de masaje para conseguir masajes sexuales?

15.- ¿Frecuentas librerías de adultos para excitación o actividad sexual?

16.- ¿Frecuentas o has frecuentado cines porno?

17.- ¿Frecuentas otros negocios de carácter sexual?

18.- ¿Te quejas con tu pareja frecuentemente sobre la cantidad o tipo de sexo que tú deseas con ella él? Si realmente piensas en ello, le pedirías a tu pareja que aumente la cantidad o vaya más allá de los límites normales. ¿O tú piensas que tu pareja regular se somete a tus exigencias que pueden ser excesivas y no te lo dice?

19.- ¿Has violado tu matrimonio u otra relación teniendo sexo o asuntos sexuales con otra persona?

20.- ¿Te excitan especialmente las actividades sexuales que envuelven el riesgo de ser descubierto?

21.- ¿Te causa emoción exponer tus partes privadas a mirones inesperados?

22.- ¿Tienes el hábito de mirar clandestinamente a la gente que te proporciona excitación sexual?

23.- ¿Buscas frecuentemente placeres sexuales con desconocidos o lo haces con alguna frecuencia?

24.- ¿Te aprovechas de oportunidades en que puedes tocar a personas que tú encuentras sexualmente atractivas, de manera que parezca accidental?

25.- ¿Eres un adulto que recibe placer de actividad sexual con niños?

26.- ¿Eres una persona que obliga a otros adultos a tener sexo contigo contra su voluntad?

27.- ¿Has sido arrestado o hastado a punto de estarlo por algunas de tus conductas sexuales?

28.- ¿Causa tu conducta sexual que debas ocultar algunas actividades eróticas a los demás?

29.- ¿Tu conducta sexual te causa depresión o sufrimiento?

30.- ¿Le has dicho a alguien que tu conducta sexual es excesiva, inapropiada o fuera de control?

Algunas precisiones

Todo lo dicho, si va en bien de la salud, es bienvenido. Sin embargo, debemos evitar que los practicantes de las ciencias médicas o paramédicas, regresen con su ya conocido recetario de fabricación de angustia. Observando con atención veríamos que no todos los actos que los especialistas describen como signos de adicción sexual y que hemos reseñado en este artículo son patológicos.

La masturbación frecuente es saludable y toda masturbación se nutre de fantasías eróticas, sea que éstas provengan de experiencias pasadas, de la televisión, del cine, del teatro, de Internet o de cualquier otro medio. No olvidemos que, como actividad humana lúdica, la masturbación además de ejercicio físico es ejercicio de la imaginación, y no se practica con la mente en blanco; mucho menos con fantasías no sexuales. Anormal sería más bien quien alcanza sus erecciones o excitaciones evocando la destrucción de las torres gemelas o la procesión de Corpus. Pero si alguien se encierra en el baño con la revista “Penthouse” y se masturba no es un anormal ni un enfermo.

En otro renglón, tampoco frecuentar prostitutas o prostitutos, calentarse mirando a alguien bello en la calle, practicar el sexo fuera del matrimonio, o hacerlo con dos o tres parejas, o con muchas, no necesariamente indica un trastorno mental.

Tampoco es síntoma de anormalidad ver películas pornográficas o visitar sex shops o librerías de material adulto.

En el test que citamos prácticamente pensar en el sexo nos obligaría a correr donde el psiquiatra y somternos a una costosa terapia. Es decir, millones y millones de personas serían adictos sexuales

Entonces, hay que distinguir.

Antes de determinar cuadros patológicos, debe recordarse que existen personas que tienen más interés sexual que otros. Si nuestra mujer gusta del sexo tres veces a la semana y yo lo prefiero dos o tres veces al día, eso no quiere decir que yo sea un “loco sexual” o que ella sea frígida. Simplemente, tenemos demandas distintas que, con buena comunicación, lograremos ajustar.

Si yo no tengo pareja regular y soy feo, con poca vida social, o me masturbo o voy en busca de amor tarifado, no porque sea enfermo sino porque tengo ganas de sexo, como es natural.

Si por haber vivido en el campo, no conozco los pecados de la gran ciudad y visito un cabaret para ver el striptease o sexo en vivo, eso no me hace adicto sexual ni candidato a ello. Tampoco, si me siento en la computadora a chatear sobre temas sexuales o a ver a nuestra modelo favorita desnuda.

Lo que queremos decir es que no todo lo relacionado con el sexo es enfermizo, como pudiera deducirse del test o de las especulaciones de los especialistas, donde asoma la nariz mocosienta de los ultrapuritanos, de los fundamentalistas y de los antisexualistas. Esa nariz que, en la época de Reagan, en los Estados Unidos, se proyectó en películas como “Atracción Fatal”, una auténtica tragedia que muestra cómo el adulterio -la ruptura de la sacrosanta institución del matrimonio- tiene para el transgresor un castigo infernal.

Lo que queremos decir es: ¡cuidado! ¡Que no nos inventen enfermedades para crearnos culpas falsas y enriquecer los bolsillos de algunos!

El justo medio

Releamos el caso del sexoadicto Pérez, que vimos más atrás. Indudablemente ese hombre está enfermo, tanto como el que a las diez de la mañana se come doce huevos de una sentada, sigue con un bistec de 800 grs. a las 11 de la mañana, con un pastel de bodas a las 13, con una exorbitante comida a las dos y así sucesivamente comiendo todo el día sin freno alguno. Tanto, como el asesino serial, que debe matar a no menos de 5 personas cotidianamente para obtener sosiego espiritual, y tanto como el adicto al alcohol o a las drogas, que no puede vivir sin ellas.

¿Pero eso es nuevo o diferente?

Desde luego que no. Algunos siglos han transcurrido ya desde que la ciencia de la psiquiatría estudió las enfermedades mentales, clasificándolas en grupos, y estableciendo tratamientos para aquéllas que tienen como núcleo el actuar compulsivo.

En toda compulsión hay un síntoma de trastorno mental, que debe ser atendido.

Sin embargo, no todo lo que se repite es compulsión ni todo lo que no me gusta a mí, por mi moral o creencia religiosa, debe ser visto como anomalía.

Yo puedo masturbarme todas las veces que quiera, puedo ser adúltero si mis convicciones me lo permiten, puedo practicar el triolismo si me gusta, pusedo acudir a una orgía semanal si está en mis preferencias, etc., etc.

Y por encima de todo puedo pensar en el sexo cuantas veces lo desee. Porque pensar en el sexo es bueno. Interesarse en las cosas sexuales también es bueno y practicar el sexo intensamente es muy bueno.

¿Qué es malo?

Obsesionarse con algo de tal manera que se reduzca el ámbito de nuestra actividad a un mínimo que establece la propia obsesión y actuar compulsivamente, impulsado por fuerzas internas irracionales, sin freno ni control.

Cuando ello ocurre, hay trastorno. Cuando ello no ocurre, estamos sanos.

Así de simple.

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